Poesia

A los cuarenta sufrí de melancolía
los viejos recuerdos quemados yacían
sobre las lágrimas que buscaban su sitio
en el lugar incierto del desperdicio.

A casi mis cincuenta quemo mis heridas
con el tiempo que araña mis momentos
ya que mis cicatrices se fueron sin ser vistas.

Y ahora ya no rezo misericordia a aquel Dios
que me vio nacer entre los brazos de una mujer.

Ya solo disfruto de otro día más
para poder sentir
lo bonito que es vivir.

ANTONIO DE HARO PÉREZ