Poesia

La ciudad incandescente
el estrés seduciendo al tráfico

Un niño jugando con su propia mirada
la tecnología pidiendo su llamada

Unos pasos aprendiendo a andar
en el centro de la civilización

La iglesia sin dueño ni fe
abarrotada de santos y vacía de adeptos

Los chillidos de los adoquines
hablándole a la nula naturaleza

Las miradas gachas
las mentes distraídas

Los saludos sordos
las calles largas

La vida pasajera
los días sin sueños

En la incertidumbre
de quién es dueño de quién.

ANTONIO DE HARO PÉREZ