Poesia

Entro en la ciudad de los espejos
asemejándome al inquilino sin dinero
o al vientre sin padre.

Miro por los refugios de lo obsceno
en el sitio donde dejé una alabanza
pensando en mi precipicio de lo grotesco.

Hablo con mi boca seca
a la esclavitud del porvenir
recitando los versos amargos del pasado incierto.

Huyo del pincel que pinta
mi vida sin saber donde está mi lienzo
de la inocencia.

Sé que amar no es pasajero
y que el odio puede ser traicionero
si en tus adentros no existe el consentimiento.

Esculpo un trocito de lo que anhelo
en el resplandor de la tarde
que me cobija de todo aquello que me enternece.

En este tiempo que las décadas son decadentes
los sueños se desmenuzan con los años
y un servidor ya no sabe dónde cogerse.

Antonio de Haro Pérez