A los cuarenta sufrí de melancolía los viejos recuerdos quemados yacían sobre las lágrimas que buscaban su sitio en el lugar incierto del desperdicio. A casi mis cincuenta quemo mis heridas con el tiempo que araña mis momentos ya que mis cicatrices se fueron sin ser vistas. Y ahora ya no rezo misericordia a aquel

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